El impacto de la colisión entre el fuego violeta de Kaelen y la energía dorada de Elena desató un vendaval de chispas y ceniza que obligó a los guerreros de ambos bandos a cubrirse los rostros con los antebrazos. En el centro del patio de armas, las baldosas de piedra se habían pulverizado bajo la presión, dejando al descubierto la tierra oscura del valle.
Kaelen descendió lentamente de los aires, flotando a escasos centímetros del suelo, con una expresión de furia contenida torciendo sus facc