El choque inicial entre Elena y el colosal general de las profundidades desató una violenta onda expansiva que hizo añicos las estalagmitas de coral negro que recubrían las paredes de la caverna principal. El monstruo abisal, envuelto en una densa aura de maná corrupto, arremetió con una velocidad pasmosa a pesar de su descomunal tamaño, blandiendo su tridente de obsidiana con la intención de partir a la soberana en dos de un solo golpe devastador.
Elena se deslizó sobre la piedra con una agil