El viaje de regreso desde la península de Siltaria hasta la capital del Imperio de la Luna de Sangre estuvo marcado por un silencio tenso, roto únicamente por el galope constante del corcel de luz estelar de Elena y el aullido del viento nocturno. Aunque la amenaza inmediata en los acantilados orientales había sido neutralizada con éxito y las hordas del abismo habían huido despavoridas hacia el océano abierto, la soberana sabía que la victoria en Siltaria era apenas una batalla ganada en una g