El impacto brutal del colosal leviatán contra las líneas defensivas sacudió la arena de la playa con la violencia sorda de un terremoto subterráneo. Las ondas de choque de su primera pisada hicieron tambalear a los escuadrones de infantería pesada, mientras la marea negra y espesa continuaba vomitando hordas interminables de criaturas abisales que intentaban flanquear las posiciones estratégicas de la manada Luna Negra. La atmósfera estaba cargada de un olor nauseabundo a salitre podrido y ozon