La noche se cernía pesada y amenazante sobre la costa sur cuando el océano comenzó a rugir con una furia desmedida, como si el fondo de la tierra estuviera desgarrándose. La línea del horizonte, donde el cielo oscuro se fundía con el mar embravecido, pareció desplomarse hacia adelante cuando una gigantesca muralla de agua negra, densa y espumosa se precipitó a toda velocidad directamente contra los muelles fortificados del imperio.
—¡Bajo los escudos! ¡Mantengan la formación cerrada a toda cos