*—Callum:
Poco después, la señora Delacroix salió de la sala de descanso. A pesar del paso del tiempo, su porte seguía siendo impecable. Rondaba finales de los cincuenta, pero su elegancia natural, la frescura en su rostro y el aire altivo que la acompañaba la hacían parecer más joven.
—¿Nos vamos? —preguntó con suavidad mientras se acercaba.
Callum asintió, poniéndose de pie. Caminaron juntos hacia el ascensor, y bajaron en silencio hasta el primer piso. Fue en la recepción donde Callum se det