*—Callum:
Aún no podía creer lo que había pasado.
Callum se mordió los labios hinchados, como si el leve dolor pudiera anclarlo a la realidad. Sus manos sumergidas en el agua sostenían con torpeza el líquido tibio, teñido de un rosa perlado que flotaba sobre la superficie como si reflejara el torbellino que se arremolinaba en su interior. La bomba de baño que Dominick había dejado disuelta parecía burlarse de él con su aroma dulce y relajante, tan contradictorio con el caos emocional que