Subtítulo:
“En la penumbra, no siempre el enemigo viene de afuera.”
El fuego en el bosque ya se había extinguido, pero las brasas aún chisporroteaban como heridas abiertas, arrojando destellos rojos sobre la tierra ennegrecida. El humo se aferraba a los árboles como un presagio, y el silencio que lo acompañaba era tan espeso que cada crujido de rama sonaba como un disparo.
Kael permanecía erguido, los músculos tensos bajo la luz mortecina de la luna, sus ojos ardiendo con un brillo salvaje que