-Annabel-
–Padre, reacciona.
Miré a un hombre joven, no más de veinte años, que le hablaba al rey.
“Que guapo”, no pude evitar ese pensamiento al verlo.
–¿Reaccionar? ¡Todos están en mi contra! –El rey rugió. Con cada visión veía más loco al rey.
–¡No es asi! –Su hijo le contradijo. Tenía algo… no sabía explicarlo, pero su cara de desesperación tocaba algo en mí y hacía que sintiera pena por él. Su padre no tenía la culpa, todo era la corona que lo estaba influenciando. –Padre… si sigues asi