Capítulo 61.
Capítulo 61
Arya.
El sonido de las campanas de rendición seguía vibrando en las paredes de piedra de las mazmorras, como un eco potente que nos sentenciaba a todos.
Dorian soltó mi brazo, pero no lo hizo con delicadeza. Se alejó de mí de un salto, tambaleándose mientras sus músculos recuperaban una movilidad antinatural.
El vínculo con Elian no solo lo había sanado; lo había transformado en algo que su propia mente rechazaba.
—Dorian, ¿Que pasa? —di un paso hacia él.
—¡No me toques! —rugió. Su voz sonó distorsionada, como si dos personas hablaran al mismo tiempo.
—Mírate, Arya —dijo él, con la respiración rota—. Mira en lo que me he convertido. Soy exactamente el monstruo que juré destruir. Estoy manchado. Mi sangre... mi alma... todo es un vacío infinitamente maldito.
—Es poder, Dorian. No es una mancha —le respondí, tratando de mantener la calma aunque mi corazón martilleaba fuerte contra mi pecho.
—¡Es una maldición! —golpeó la pared con el puño, y una grieta se extendió desde el