Capítulo 24.
Capítulo 24
Dorian.
El estruendo de la puerta al chocar contra la pared hizo que Kendra diera un sobresalto, soltando la delicada tela de seda que sostenía frente al espejo.
Me detuve en el umbral, con el pergamino de la tesorería arrugado en mis manos.
—¿Qué significa esto, Kendra? —Mi voz salió como un gruñido sordo.
Ella se recompuso rápido, forzando una sonrisa dulce.
—Dorian, cariño, asustas a las sirvientas. Solo estaba tratando de devolverle un poco de dignidad a esta casa. Las cortinas estaban viejas y...
—¡Vendiste los suministros! —grité, acortando la distancia en dos zancadas—. ¡Nuestros cachorros no van a comer seda, Kendra! ¡Los ancianos no sobrevivirán a la primera nevada con los depósitos vacíos!
—Lo hice porque la imagen de la manada estaba por los suelos. Necesitamos demostrar poder, lujo, estabilidad.
—¿Poder? —me reí, sin humor—. El poder de un Alfa se mide en la salud de su gente, no en el brillo de sus salones... Arya pasaba noches enteras haciendo inventarios par