Capítulo 25.
Capítulo 25
Dorian.
El invierno había cubierto las montañas de blanco. Y yo... llevaba dos meses rastreando huellas inexistentes.
—Alfa, el reporte de las fronteras del sur —dijo Caín, entrando a mi oficina—. No hay rastros, ni rumores de una mujer con su descripción. El paso de los Lobos Solitarios está bloqueado por el hielo. Nadie entra ni sale de allí desde hace semanas.
—Ella está ahí —susurré, apretando los puños—. Puedo sentirlo.
Morvak, ni siquiera se molestó en gruñir. Estaba sumido en un letargo absoluto, hecho un ovillo en la oscuridad de mi mente.
—Tienes que aceptar la posibilidad de que el invierno se la haya llevado. Nadie sobrevive a la intemperie con estas temperaturas.
—Vete, Caín.
—Alfa, el Consejo está...
—¡He dicho que te vayas! —gruñí.
Mis ojos destellaron en un amarillo que hizo que mi segundo al mando retrocediera sin decir una palabra más.
Me desplomé en la silla. Había tomado el control total de la administración, racionando todo personalmente para reparar