Capítulo 23.
Capítulo 23
Dorian.
En la frontera del norte la lluvia torrencial de la madrugada borraba cualquier rastro físico que el suelo hubiera podido retener.
Me detuve frente al muro de piedras que marcaba el fin de mis tierras. Mis botas estaban hundidas en el pantano, y mis manos, desnudas y entumecidas, se aferraban a las riendas de mi caballo con una fuerza que hacía crujir el cuero.
—Alfa, tenemos que regresar —dijo Caín desde atrás—. Los caballos no aguantarán este frío sin refugio, y los rastre