Salimos del comedor y nos dirigimos a las mazmorras con mucho cuidado. Por el camino, no pudimos evitar que me tocasen un par de hojas de los árboles y otros elementos de la naturaleza. La peor parte fue cuándo un pájaro decidió soltar un excremento con la mala suerte que hizo que me cayese en la cabeza. No fue agradable ver cómo se había formado. Incluso agradecí ver la fabricación del pañuelo que me dieron para que me limpiase mientras se reían sin parar.
— No te quejes tanto, Esteban. Te está