Cuatro años después.
— ¡Emy! ¡Ya vale! — dije riéndome mientras miraba esos ojos verdes que me quitaban el aliento.
— ¡NO! ¡Debes pagar por este desastre! — me respondió la pelirroja con los mofletes ligeramente hinchados en un gesto que me parecía adorable.
— No sé de qué me hablas. — dije mientras esquivaba su nuevo ataque mientras me hacía el tonto.
— ¿¡Qué no lo sabes!? ¡MI TALLER! ¡Lo has destrozado! — gruñó mientras se abalanzaba de nuevo sobre mi. Me reí.
— ¡OH! ¿Eso? Sólo lo he decorado