El primer instinto de Livia fue dar un paso atrás. Aquellas palabras eran tan posesivas que hicieron erizarse su piel. Sin embargo, bajo la ira había una punzada de dolor, una simpatía que no podía reprimir del todo.
Había aprendido que el amor tenía muchas formas, y no todas eran suaves. Sentía pánico ante la palabra "amor", porque sabía muy bien lo que se siente al ser destrozada por él.
—¿Por qué "pertenecer" se siente como una jaula? —preguntó con voz pequeña y honesta—. ¿Por qué siento que