Capítulo 108 —El regalo
Narrador:
El jet se deslizaba suave por el cielo teñido de tonos crepusculares. Aylin iba sentada junto a la ventana, con los ojos perdidos en las nubes, pero la mente en otra parte. Roman, a su lado, le sostenía la mano desde que despegaron, sin soltarla ni por un segundo. La miró de reojo. Sus ojos estaban enrojecidos, aunque ya no lloraba. Solo parecía vacía, en pausa. Con suavidad, él le soltó los dedos y deslizó la mano hacia su vientre, apoyándola con ternura sobre