Le perdonaré la vida solo una vez.
Con mucha dificultad el desayuno terminó sin que nadie perdiera la vida. Eso gracias al Alfa Malakay, que se encargó de que se mantuviera el equilibrio y respetaran su territorio.
— Es hora, vayamos todos al salón que tengo preparado. — Pidió el Alfa anfitrión.
Todos los Alfas se pusieron de pie para ir al lugar mencionado. Eran más de cien imponentes lobos que venían de diferentes reinos.
Más no todos estaban calificados para participar para ser el rey de reyes del mundo de los licánt