El ataúd de caoba descendió hacia la fosa con un roce seco, un sonido definitivo que no admitía réplicas. No hubo salvas de disparos al aire, ni desfiles de soldados con las manos en el pecho, ni el falso respeto de los clanes de Milán. Nicolás Leone, el hombre que una vez hizo temblar el norte de Italia, se hundía en la tierra bajo un silencio sepulcral.
Dante sostenía el paraguas negro sobre Elara, cuya figura parecía tallada en obsidiana bajo la lluvia fina. El mármol de las tumbas circundan