Mundo ficciónIniciar sesiónEl refugio seguro de los Praetorian olía a antiséptico y a miedo estancado. En una de las habitaciones traseras, la luz parpadeaba, proyectando sombras alargadas sobre las paredes de hormigón.
Lorenzo estaba sentado en el borde de una camilla metálica, con el torso desnudo y la piel cubierta de un sudor frío que brillaba bajo la lámpara. La herida en su hombro era un cráter de carne viva, un recordatorio sangriento de que su lealtad a lo







