El teléfono vibró sobre la mesa de la cocina mientras yo preparaba el café.
Era temprano. Lorenz todavía dormía en el dormitorio, con la respiración profunda y regular de quien por fin está recuperándose de verdad. La pantalla se iluminó con un número desconocido que no había aparecido en días.
Me quedé mirando el móvil varios segundos, con la cuchara quieta dentro de la taza. Parte de mí quiso ignorarlo. Otra parte, la que todavía llevaba el eco de “Sofía” clavado bajo la piel, sabía que no