El amanecer trajo consigo una brisa fresca que se colaba por las cortinas de la habitación. Katerina se removió entre las sábanas, disfrutando de la calidez del lecho por unos segundos más antes de abrir los ojos completamente.
Miró hacia el lado opuesto de la cama, donde Aaron solía dormir, pero él ya no estaba. No le sorprendía. Su esposo tenía la costumbre de despertar temprano para ir a la empresa.
Se estiró con pereza y, justo cuando estaba a punto de levantarse, su teléfono vibró en la me