Capítulo 66. La sangre no miente.
Fernando apretó el teléfono contra su oreja. La voz de su padre temblaba al otro lado de la línea, y eso era algo que jamás había escuchado antes. Arturo Zaldívar no temblaba. No se quebraba. No lloraba.
—Ya va, mamá, espérame. Estoy hablando con papá —dijo Fernando.
Levantó una mano libre para detenerla en el umbral de la puerta.
El teléfono seguía pegado a su oreja.
Marian palideció al instante. Sus ojos se abrieron de par en par. Toda la sangre abandonó su rostro. Retrocedió un paso, tem