Capítulo 67. La cacería.
—¿Quién diablos eres? —exigió Fernando. Su voz no mostró ni una pizca de duda.
Al otro lado de la línea, la respiración del hombre sonó pesada.
—Soy Ernesto. Tu tío postizo. O primo. O como quieras llamarme ahora.
Fernando apretó el teléfono. Sus nudillos se pusieron completamente blancos.
—Si llamas para pedir dinero, te equivocaste de número. Te voy a cazar y te voy a enterrar vivo.
Ernesto soltó una carcajada áspera.
—El viejo Arturo no quiso pagarme diez millones. Se hizo el ofendido. Pero