Capítulo 65. La verdad.
Arturo no parpadeó. El aire dejó de entrar en sus pulmones.
—Explícate —ordenó. Su voz sonó ronca. Peligrosa.
Ernesto se separó del escritorio de cristal. Caminó por el inmenso despacho con total tranquilidad, observando los cuadros caros de las paredes.
—Tú crees que adoptaste a un pobre huérfano. Al hijo de una prostituta y de tu primo político. Te equivocaste, Arturo.
Arturo apretó los puños a los costados de su cuerpo.
—No juegues conmigo.
—Marian quedó embarazada a los diecisiete años —con