Capítulo 86. A veces se proteger resistiendo.
Marian no supo cuánto tiempo pasó antes de que la dejaran sola.
Quizá diez minutos. Quizá una hora.
En lugares como aquel el tiempo dejaba de tener importancia.
La habitación era amplia, pero austera. Había una cama individual perfectamente tendida, una mesa de madera, una silla y una ventana estrecha protegida por barrotes. Las paredes de piedra conservaban el frío incluso en pleno día.
No parecía una celda. Eso la inquietaba más. Las cárceles estaban hechas para quebrar el cuerpo.
Aquella hab