Capítulo 85. No eres lo peor que me ha pasado.
El ruido de las aspas seguía golpeándole los oídos.
Marian permanecía sentada sobre el suelo metálico del helicóptero, con las manos sujetas por unas bridas de plástico que le lastimaban las muñecas a cada movimiento. No llevaba los ojos vendados. Tampoco le habían cubierto la cabeza.
Eso le llamó la atención.
Quien pretende ocultarse no deja que su prisionero vea el camino.
Quien no tiene miedo de ser reconocido... tiene otros planes.
Respiró despacio, porque no pensaba desperdiciar ni un segu