Capítulo 71. La verdad que nunca quiso decir.
Fernando no respondió inmediatamente.
La tenue luz del pasillo iluminaba apenas su rostro agotado. Tenía el cabello revuelto por el sueño, la camiseta arrugada y la expresión endurecida por demasiadas horas sin descanso.
Parecía cansado. La mano que sostenía el arma permaneció inmóvil a un lado de su cuerpo.
No la estaba apuntando.
Pero tampoco parecía dispuesto a bajarla.
Hasta que miró a Marian y volvió a parecer peligroso.
—Ya te juzgué —dijo finalmente—. Y mi veredicto no cambió.
Marian sin