Capítulo 121. Evidencia de la traición.
El prisionero no respondió con palabras.
El menor de los Fontana se inclinó hacia adelante. Rompió la distancia que los separaba, abrió la boca y atrapó los labios de Elías con una voracidad salvaje.
No hubo dudas. No hubo resistencia. Fue un choque físico cargado de fuego, rabia y un deseo reprimido que estalló de golpe.
Elías soltó un gruñido ronco desde el fondo de la garganta. La respuesta del joven le voló la razón por completo.
Sus manos se desprendieron de los reposabrazos metálicos de