Capítulo 120. Cuestionando su propia naturaleza.
El golpe de madera resonó en las paredes de yeso. La puerta se cerró con un clic pesado.
Camelia se había ido.
El silencio en el interior del dormitorio de seguridad se volvió absoluto. Elías se quedó parado en el centro del cuarto, con los hombros caídos y el pecho subiendo y bajando a un ritmo agitado.
Se pasó el reverso de la mano por la barbilla. Sintió el ardor en el labio roto, la sangre caliente brotando de nuevo tras el golpe de Fernando, y la pulsación punzante en las costillas.
Un su