Capítulo 109. La obsesión de Elías por el menor de los Fontana.
El chaleco pesado cayó al piso con un golpe seco.
La tela oscura de la camiseta militar táctica quedó al descubierto. El prisionero soltó un jadeo ahogado. Su cuerpo entero tembló. No era el temblor de la fatiga. Era el pánico puro de verse expuesto.
Elías retrocedió medio paso, con los ojos clavados en el torso del joven.
Bajo la camiseta ajustada, el pecho era completamente plano, rígido y duro. No había ningún detalle que delatara su cuerpo. Para los ojos del ejecutivo, seguía siendo un much