16. La Bestia la encontró
Al fruncir el ceño en un intento de acomodarse en las sábanas de una cama, Scarlett permanece tocando su vientre. El movimiento y el trayecto a un lugar remoto de la que no tiene idea. Su rostro sonrojado por el calor se arruga en una bola de desconcierto por recién levantarse, y mientras abre los ojos, el sonido de algunos pasos le llaman la atención.
Todo sucedió demasiado rápido para pensar. Una vez dentro de la camioneta, Esad arrancó y no estaba solo. Dos hombres más sumando al encargado d