Ese último mensaje, inevitablemente, captó por completo la atención de Maximilien. Al leerlo, una leve sonrisa se dibujó en su rostro y, para sorpresa de todos, se sonrojó ante las cámaras. Estaba completamente ajeno al hecho de que, al otro lado de la pantalla, Gracia lo observaba con atención.
Fue entonces cuando el mismo periodista que había iniciado el escándalo volvió a la carga, aprovechando su momento.
—Señor Fuenmayor, ¿acaso le resulta gracioso lo que el señor Fernando ha estado dicien