Antonia reía suavemente mientras doblaba una pequeña manta sobre el sillón. Gracia, sentada cerca de la ventana del cuarto hospitalario, giraba entre las manos una taza de té a medio terminar.
—Yo digo que será niño —opinó Antonia con picardía—. Tiene toda la pinta de ser un varoncito inquieto, como su papá.
—¿Y por qué no una niña? —replicó Gracia con una sonrisa sutil—. Sería dulce que tuviera sus ojos... pero con mi carácter.
Ambas rieron, y el ambiente, por un instante, se volvió menos pesad