China los esperaba con promesas nuevas. Aun así, antes de ir al aeropuerto, Gracia pidió una parada.
—Solo será un momento —dijo, con voz tranquila, mientras el auto se arrancaba.
Maximilien la miró a los ojos, leyó lo que no dijo y asintió. Hope dormía en su silla, chupándose los labios. Antonia llevaba una mochila con lo indispensable de la niña y un rosario apretado entre los dedos.
Fueron en silencio hasta la vieja mansión. Franco ya había firmado la compra, pero Gracia necesitaba recoger