Gracia no pudo dormir aquella noche. Le dio demasiadas vueltas a la petición de Fernando. No quería verlo, pero temía que él apareciera sin aviso.
A la mañana siguiente, mientras Maximilien ajustaba su corbata, Gracia, decidida, intentó hablar con él.
—Maximilien, ¿tienes un momento, por favor?
—Gracia, ahora no. Lo siento —respondió con frialdad, sin mirarla siquiera, antes de marcharse con prisa.
Ella suspiró. No le gustaba actuar a espaldas de nadie, pero el tiempo no estaba de su lado. Tení