41. Remo desenmascara a Ginevra
Marianné gimió de asombro, pero también de recibimiento, y como una autómata, respondió ante el contacto, sintiendo como la boca masculina la consumía y seducía con increíble placer.
Se separaron después de un instante, buscando el aire, aunque no se alejaron.
— Me alegra que todo haya quedado solucionado.
Ella sonrió.
— Yo también. Hoy… cuando fui a buscarte, lo hice pensando en arreglar las cosas — confesó con un tierno sonrojo en las mejillas.
Remo le besó la comisura.
— Anoche también