72. Convertirte en la señora Cancio
Savino no supo por cuanto tiempo estuvo allí, pero sin darse cuenta, se quedó dormido junto a la puerta de la habitación, y es que cuando dijo que no se movería de allí hasta verla y pedirle, no, suplicarle que por favor no se casara, hablara muy en serio.
Tan en serio que Serafina se llevó una escalofriante sorpresa cuando volvió entrada la mañana.
Había caminado por las calles sicilianas durante las últimas horas, sin rumbo fijo, abrazada a sí misma mientras pensaba sobre la decisión que había