Viktor por fin se había quedado dormido.
Entre la pérdida de sangre y el cóctel de analgésicos y antibióticos que Gloria le había hecho tragar a la fuerza, su cuerpo finalmente se había rendido.
Gloria se sentó en el sillón de esquina, ya desgastado, observándolo mientras luchaba contra el sueño, y solo cuando su respiración se volvió pesada y regular se levantó por fin. Su propia adrenalina se estaba desvaneciendo, dejando tras de sí un dolor que le llegaba hasta los huesos.
Se retiró al estre