Capítulo treinta y cuatro

El resto del trayecto transcurrió en silencio absoluto.

Cada vez que Gloria se movía o levantaba un brazo, una nueva nube de polvo arenoso se posaba sobre el auto, y Viktor le lanzaba una mirada profundamente irritada.

Cuando el sedán finalmente se detuvo junto a una modesta y rústica casa de campo, Gloria salió apresuradamente del vehículo.

«¿Cuántas propiedades tienes en realidad?», preguntó ella, volviéndose para lanzarle una mirada escéptica mientras se sacudía el polvo de su trasero desnu
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