Viktor Koshnov no lograba concentrarse en los documentos que tenía frente a él.
Estaba inquieto. Necesitaba liberar tensión y, por lo general, la novela de Gloria lo ayudaba precisamente a eso. Por más increíblemente molesta que fuera esa mujer, escribía sorprendentemente bien. Pero hacía más de una semana que no había escrito ni un solo capítulo, y él ya se había quedado sin opciones para obligarla a escribir.
Ojalá pudiera meterse en su cabeza, sacarle las palabras a la fuerza y lanzarlas con