Siempre y cuando no engañes.
—Bella —llamó Christian, con su voz profunda y ligeramente ronca.
Arabella se giró. Sus ojos marrón oscuro lo miraron con una expresión que tidak podía ocultar; una mezcla de temor, curiosidad dan una culpa que se amontonaba como una montaña en su pecho.
—¿Christian? —respondió Arabella en un susurro.
Christian tidak contestó de inmediato. Bajó la mirada por un momento, observando sus manos entrelazadas. Su pulgar rugoso acariciaba el dorso de la mano de ella, como si estuviera buscando las