Las mentiras de Dom a Christian.
Arabella contempló la puerta con los ojos nublados por el terror. Su agarre sobre la toalla se volvió más errático, mientras su pequeño cuerpo se encogía, como si intentara volverse invisible, como si anhelara desaparecer.
Dominic permanecía frente a ella, bloqueando el camino. Sus ojos oscuros la observaban con una mirada indescifrable; no era ira, tampoco celos, sino una calma absoluta. Una calma extraña que solo lograba alimentar el miedo de Arabella.
—Sabes, Bella —comenzó Dominic con voz