Una voz en medio de la noche.
Las espesas cortinas de color gris cubrían por completo las ventanas de la habitación de Dominic, impidiendo la entrada de cualquier rastro de luz exterior. Las lámparas de noche a ambos lados de la cama permanecían encendidas con una intensidad tenue, bañando la estancia en un suave resplandor dorado. El ambiente aún era cálido, sereno, impregnado por los ecos de los suspiros que acababan de desvanecerse.
Dominic yacía en el lado derecho de la cama, con un brazo rodeando la cintura de Arabell