La preocupación de Arabella.
El sol de la mañana se filtraba por la ventana mugrienta de la cocina, atravesando la malla mosquitera rota en varios puntos y proyectando sombras tenues sobre el suelo de baldosas agrietadas.
La cocina de la vieja casa nunca se había visto tan radiante. Las paredes descoloridas, el armario de madera con las puertas torcidas, la estufa de queroseno oxidada en la esquina y la mesa vieja con la superficie rayada; todo seguía igual. Sin embargo, esta mañana había algo distinto. Había un calor que