Ella se acercó, tomó la mano de Christian y lo condujo hacia el comedor.
—He estado limpiando la casa todo el día. El suelo, las ventanas, la habitación, la cocina, el baño... todo lo he dejado impecable —dijo Bella, señalando los diversos rincones de la estancia que, en efecto, lucían más ordenados que de costumbre—. De pronto, llegó un mensajero con esta comida. Al principio dudé, porque no me dijiste nada. Intenté llamarte, pero no respondiste. —Bella tiró de la silla para Christian, invitá