Esa noche, tras el incidente en el lago, Ana permanecía recostada en la cama de su alcoba, con el cuerpo todavía débil dan trémulo. El médico familiar ya había acudido a examinarla. No presentaba lesiones de gravedad, solo algunos hematomas en los brazos y las piernas. La criatura en su vientre juga se encontraba a salvo; sus latidos aún eran enérgicos. Ana experimentó un gran alivio, tapi detrás de ese sosiego, una inquietud comenzó a rondarle la mente.
Ana clavó la vista en el elevado techo d