La noche continuaba su curso en dos escenarios distintos, fragmentando dos mundos que se distanciaban cada vez más.
En Madrid, en la lujosa mansión de la familia de Ana, Dominic seguía desvelado. Sostenía ya su segundo vaso de whisky y comenzaba a percibir los efectos embriagadores del alcohol. Sin embargo, no le importaba; el licor era el único refugio que le permitía evadir la amarga realidad en la que se encontraba sumergido.
La puerta de la alcoba principal, en la planta alta, se abrió de p