CAPÍTULO 51
Las sábanas se pegaban a su piel como un refugio inútil.
Luna tenía la mirada fija en el techo, pero su alma estaba en otro lugar. El corazón le palpitaba lento, con ese retumbar irregular que viene después del pánico.
Sentía la garganta cerrada, los labios resecos, y un nudo profundo en el pecho. El silencio era absoluto, salvo por el eco lejano del agua que aún goteaba, o el crujido de los cimientos de la mansión.
Luna se limpió una lágrima y miró toda la habitación. Todo se veía