Andrey estaba tan cerca que podía contar sus pestañas, podía sentir su calor traspasando la delgada distancia entre ambos, un calor tan poderoso, tan extraño… que casi le parecía una fiebre que no le pertenecía. Era un calor casi insoportable, denso y palpitante.
El aire a su alrededor vibraba, denso y eléctrico, y Andrey estaba usando todo de él para contenerse.
Tenía el rostro inclinado hacia el suyo, los labios apenas a centímetros, los ojos tan oscuros que parecían devorar toda la luz de la